Agujero negro supermasivo que podría existir desde el amanecer del universo.
Y es mucho más grande de lo que se suponía.
Hubo una explosión, una explosión realmente grande, grande hasta el delirio, tan grande que nunca nadie vio algo igual antes, tan grande que, con total seguridad, nadie, nunca, verá otra igual después [si lo desea, aquí puede leer un artículo que habla más detenidamente sobre el estallido inicial que dio origen al universo]. Fue el comienzo de todo. Sin embargo, durante varios centenares de millones de años, la oscuridad se enseñoreó del universó hasta que se hizo hizo la luz, y los gases, las estrellas y las galaxias comenzaron a parpadear. Más tarde llegó la Vida...
Una de las luces que más brillaban en ese temprano amanecer tenía un oscuro y hambriento agujero en su corazón. Más masivo que 800 millones de soles, el agujero negro existió durante unos 690 millones de años después del Big Bang, cuando el universo apenas echaba a andar.
Eduardo Bañados, entre otros investigadores, informó en un artículo aparecido en la revista Nature [aquí, en inglés] sobre la existencia del agujero negro y su acompañante (llamados en la jerigonza científica J1342 + 0928). Los astrónomos buscaban evidencias de agujeros negros en los primeros días del universo pero, aún así, quedaron sumamente sorprendidos por su colosal tamaño.
Los agujeros negros son puntos del universo donde la gravedad es tan intensa que nada puede escapar, ni rocas, ni gas, ni siquiera la luz. Cerca de grandes agujeros negros, el material circundante se arremolina para formar algo llamado disco de acumulación. El material en el disco gira a miles de kilómetros por segundo, calentándose a medida que se mueve y chocando contra otros pedazos de polvo y gas, todos montados en el mismo carrusel frenético que les llevará, inexorablemente, a la perdición, a desaparecer en las fauces del monstruo.
El material en sí mismo gira hacia el agujero negro para nunca volver a ser visto, pero en su rotar libera energía que se irradia hacia el universo en forma de calor y luz inmensamente brillantes. Esa luz radiante -cuásar, fuente de radiación celeste muy intensa pero cuya naturaleza se desconoce— hizo que Eduardo Bañados y coautores fuesen capaces de detectar y, posteriormente, estimar, la sorprendente masa de J1342 + 0928.
Asegura Eduardo Bañados que un agujero negro típico, formado cuando una estrella colapsa, puede tener una masa equivalente a entre 50 y 100 veces la de nuestro sol. «Aunque la dejemos crecer [una estrella del tipo de nuestro sol] alimentándola con el gas de su entorno durante 690 millones de años, jamás alcanzará el tamaño del agujero negro supermasivo J1342 + 0928».
La comprensión de un fenómeno semejante el descrito, o sea, cómo pudo crecer tan rápidamente un agujero negro, implica que los astrónomos observacionales -Eduardo Bañados lo es— deberán asociarse con astrónomos y astrofísicos teóricos. El proceso involucra también cuestiones cada vez más amplias, como la evolución del universo a partir del estallido primigenio. «Este objeto es tan distante y luminoso que proporciona un laboratorio que nos permitirá estudiar mejor el universo primitivo», asegura Bañados.
Bañados es el descubridor de cerca de la mitad de los cuásares más lejanos, aunque éste -a pesar de no ser el más masivo— es el más lejano de todos los conocidos. Debido a que la luz necesita tiempo para viajar, cuanto más distante es un objeto, más temprana, más próxima al origen, es la historia que nos cuenta, de donde concluímos que J1342 + 0928 proviene de una etapa anterior de la vida del universo que ninguno de los otros científicos había observado antes.
El descubrimiento de J1342 + 0928 en sí es bueno, pero tal vez no sea el único objeto de esa naturaleza existente. Según afirma Bañados, «me sorprendería mucho que J1342 + 0928 fuera el primer cuásar que se haya formado. Espero que nosotros o alguien más rompa pronto este récord».
J1342 + 0928 es un cuásar tan brillante que eclipsa a la galaxia que lo acoge, es aproximadamente unas mil veces más luminoso. El cuásar que anida en el corazón de la galaxia la ahoga tanto en las longitudes de onda ópticas como en las ultravioletas. Afortunadamente, si se dirige la mirada a la galaxia en longitudes de onda más largas, se puede empezar a ver algunos detalles. Eduardo Bañados es, también, coautor de otro artículo publicado en The Astrophysical Journal Letters centrado en la galaxia alrededor de J1342 + 0928. La galaxia, asfixiada con polvo interestelar, está produciendo alrededor de 100 nuevas masas solares (la masa de nuestra estrella) por año. Nuestra galaxia, la Vía Láctea, sólo produce una masa solar al año.
También fueron capaces de detectar que cerca de la mitad del área que rodea el agujero negro contenía hidrógeno no ionizado (que bloquea el paso de la luz, provocando los primeros cientos de millones de años de oscuridad en el universo) y en la otra mitad hidrógeno ionizado, señal de que este agujero negro podría haber existido en el momento en el que el universo pasó de estar dominado por el primero -hidrógeno no ionizado— a estar dominado por el segundo -hidrógeno ionizado—.
«Cómo y cuándo sucedió esto tiene implicaciones fundamentales para la posterior evolución del universo... Pero necesitamos buscar y encontrar más objetos, más lejos aún, si ello es posible.»
En la actualidad existen más oportunidades para investigar, Bañados y otros investigadores de todo el mundo podrán utilizar una amplia variedad de telescopios con los que observar a J1342 + 0928 y buscar otros en el cielo nocturno.
«Somos una generación muy afortunada... Somos los primeros seres humanos en posesión de tecnología para estudiar y caracterizar detalladamente algunas de las primeras galaxias y agujeros negros que se formaron en el universo. Si eso no es fascinante, no sé qué lo es».
Xarooch Franco
Basado en un artículo de Mary Beth Griggs (editora asociada de Popular Science) y material de elaboración propia.
Publicado bajo Licencia Creative Commons
Nota importante: Si usted desea insertar en su bitácora o página web esta entrada, por favor, revise las condiciones en las que el autor lo permite o deniega visitando este enlace.
Y es mucho más grande de lo que se suponía.
Recreación artística que ilustra uno de los agujeros negros supermasivos más primitivos conocidos (el punto negro central) en el centro de una galaxia joven y rica en estrellas.
Crédito: Foto12/UIG a través de Getty Images.
Hubo una explosión, una explosión realmente grande, grande hasta el delirio, tan grande que nunca nadie vio algo igual antes, tan grande que, con total seguridad, nadie, nunca, verá otra igual después [si lo desea, aquí puede leer un artículo que habla más detenidamente sobre el estallido inicial que dio origen al universo]. Fue el comienzo de todo. Sin embargo, durante varios centenares de millones de años, la oscuridad se enseñoreó del universó hasta que se hizo hizo la luz, y los gases, las estrellas y las galaxias comenzaron a parpadear. Más tarde llegó la Vida...
Una de las luces que más brillaban en ese temprano amanecer tenía un oscuro y hambriento agujero en su corazón. Más masivo que 800 millones de soles, el agujero negro existió durante unos 690 millones de años después del Big Bang, cuando el universo apenas echaba a andar.
Eduardo Bañados, entre otros investigadores, informó en un artículo aparecido en la revista Nature [aquí, en inglés] sobre la existencia del agujero negro y su acompañante (llamados en la jerigonza científica J1342 + 0928). Los astrónomos buscaban evidencias de agujeros negros en los primeros días del universo pero, aún así, quedaron sumamente sorprendidos por su colosal tamaño.
Los agujeros negros son puntos del universo donde la gravedad es tan intensa que nada puede escapar, ni rocas, ni gas, ni siquiera la luz. Cerca de grandes agujeros negros, el material circundante se arremolina para formar algo llamado disco de acumulación. El material en el disco gira a miles de kilómetros por segundo, calentándose a medida que se mueve y chocando contra otros pedazos de polvo y gas, todos montados en el mismo carrusel frenético que les llevará, inexorablemente, a la perdición, a desaparecer en las fauces del monstruo.
El material en sí mismo gira hacia el agujero negro para nunca volver a ser visto, pero en su rotar libera energía que se irradia hacia el universo en forma de calor y luz inmensamente brillantes. Esa luz radiante -cuásar, fuente de radiación celeste muy intensa pero cuya naturaleza se desconoce— hizo que Eduardo Bañados y coautores fuesen capaces de detectar y, posteriormente, estimar, la sorprendente masa de J1342 + 0928.
Cuásar: discos de gas alrededor de agujeros negros supermasivos.
Mark Garlick/Science Photo Library
Asegura Eduardo Bañados que un agujero negro típico, formado cuando una estrella colapsa, puede tener una masa equivalente a entre 50 y 100 veces la de nuestro sol. «Aunque la dejemos crecer [una estrella del tipo de nuestro sol] alimentándola con el gas de su entorno durante 690 millones de años, jamás alcanzará el tamaño del agujero negro supermasivo J1342 + 0928».
La comprensión de un fenómeno semejante el descrito, o sea, cómo pudo crecer tan rápidamente un agujero negro, implica que los astrónomos observacionales -Eduardo Bañados lo es— deberán asociarse con astrónomos y astrofísicos teóricos. El proceso involucra también cuestiones cada vez más amplias, como la evolución del universo a partir del estallido primigenio. «Este objeto es tan distante y luminoso que proporciona un laboratorio que nos permitirá estudiar mejor el universo primitivo», asegura Bañados.
Bañados es el descubridor de cerca de la mitad de los cuásares más lejanos, aunque éste -a pesar de no ser el más masivo— es el más lejano de todos los conocidos. Debido a que la luz necesita tiempo para viajar, cuanto más distante es un objeto, más temprana, más próxima al origen, es la historia que nos cuenta, de donde concluímos que J1342 + 0928 proviene de una etapa anterior de la vida del universo que ninguno de los otros científicos había observado antes.
El descubrimiento de J1342 + 0928 en sí es bueno, pero tal vez no sea el único objeto de esa naturaleza existente. Según afirma Bañados, «me sorprendería mucho que J1342 + 0928 fuera el primer cuásar que se haya formado. Espero que nosotros o alguien más rompa pronto este récord».
J1342 + 0928 es un cuásar tan brillante que eclipsa a la galaxia que lo acoge, es aproximadamente unas mil veces más luminoso. El cuásar que anida en el corazón de la galaxia la ahoga tanto en las longitudes de onda ópticas como en las ultravioletas. Afortunadamente, si se dirige la mirada a la galaxia en longitudes de onda más largas, se puede empezar a ver algunos detalles. Eduardo Bañados es, también, coautor de otro artículo publicado en The Astrophysical Journal Letters centrado en la galaxia alrededor de J1342 + 0928. La galaxia, asfixiada con polvo interestelar, está produciendo alrededor de 100 nuevas masas solares (la masa de nuestra estrella) por año. Nuestra galaxia, la Vía Láctea, sólo produce una masa solar al año.
También fueron capaces de detectar que cerca de la mitad del área que rodea el agujero negro contenía hidrógeno no ionizado (que bloquea el paso de la luz, provocando los primeros cientos de millones de años de oscuridad en el universo) y en la otra mitad hidrógeno ionizado, señal de que este agujero negro podría haber existido en el momento en el que el universo pasó de estar dominado por el primero -hidrógeno no ionizado— a estar dominado por el segundo -hidrógeno ionizado—.
«Cómo y cuándo sucedió esto tiene implicaciones fundamentales para la posterior evolución del universo... Pero necesitamos buscar y encontrar más objetos, más lejos aún, si ello es posible.»
En la actualidad existen más oportunidades para investigar, Bañados y otros investigadores de todo el mundo podrán utilizar una amplia variedad de telescopios con los que observar a J1342 + 0928 y buscar otros en el cielo nocturno.
«Somos una generación muy afortunada... Somos los primeros seres humanos en posesión de tecnología para estudiar y caracterizar detalladamente algunas de las primeras galaxias y agujeros negros que se formaron en el universo. Si eso no es fascinante, no sé qué lo es».
Xarooch Franco
Basado en un artículo de Mary Beth Griggs (editora asociada de Popular Science) y material de elaboración propia.
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