El bloqueo del escritor


Lo que usted está leyendo aquí, ahora, es un típico bloqueo del escritor y, por ende, un intento de solucionarlo: si en este momento soy incapaz de escribir, ¿por qué no escribir sobre eso, sobre esa incapacidad? Por alguna razón, parece como si las palabras fuesen capaces de encontrar la manera de alinearse correctamente cuando son manejadas de modo temerario. La idea puede resultar contradictoria pero, por favor, mírese a los ojos delante del espejo y dígase a sí mismo que es falso, que no le ha ocurrido nunca.

Tengo un esbozo de interpretación, una pseudoteoría que, desde mi personalísimo punto de vista, explicaría el bloqueo: no es la falta de aptitudes ni la capacidad para llevar a buen término la escritura del texto, es el propio escritor quien genera el bloqueo, desea retirarse a esa zona de confort —la del bloqueo— como excusa cuyo propósito es evitar hacer algo. Si se le pregunta, jurará una y mil veces que está procurando solventarlo; en realidad, es un pretexto consciente oculto en el subconsciente que encapsula una negación irracional del miedo —a la crítica, por ejemplo— o de las ansias de perfeccionismo —desea que todo esté bien, inmaculado casi, antes de escribir la primera letra—. Esos temores e inseguridades comunes son experimentados de forma única por cada escritor. De la misma forma que es cierta la mentira —o el autoengaño— para negar la evidencia, también lo es la inevitabilidad de la condición, como si el bloqueo estuviese indisolublemente —y eternamente— ligado a la práctica de la escritura, aunque se sepa muy bien lo que hay que hacer para evitar que se produzca.

En un mundo hiperconectado e hiperinformado —y algún que otro «hiper»— como el que nos ha tocado vivir, no es de extrañar que cada vez seamos más conscientes de nuestras acciones; en definitiva, todo lo que hacemos o dejamos de hacer es escudriñado por personas que, en ocasiones, ni siquiera conocemos. La contrapartida es que ahora tenemos más información con la que dar forma a la opinión que tenemos de nosotros mismos, de hecho, prácticamente nada hay que otros nos hayan dicho que no supiésemos ya. Supongo que todas estas circunstancias crean en nuestro cerebro un entorno similar al de un ordenador cuando tiene que tratar una cantidad ingente de datos pero el procesador se ha quedado obsoleto o anticuado: llegará un momento en el que colapse, se quede colgado y deje de funcionar. Más o menos lo mismo nos puede ocurrir a nosotros, estrellarnos y quemarnos como mil soles dentro de los confines de nuestros límites mentales.

La página en blanco no es sólo un problema de ausencia de creatividad, a menudo influye el entorno del escritor, básicamente su estado emocional y las relaciones personales. Ambos condicionantes requieren atención y son tan importantes como la propia escritura, se necesitan mutuamente para que el asunto funcione, para que se pueda generar la magia del relato.

¿Es difícil salir del bloqueo del escritor? No especialmente aunque, dependiendo de las circunstancias, podría ser un poco más laborioso: empiece una frase a la vez, el folio se suele quedar en blanco porque tanto usted como yo no escribimos esa primera frase. Por un lado, tal vez sintamos temor a lo que viene a continuación y, por otro, el peso de nuestras inseguridades se convierta en un lastre que nos impida avanzar.

Cómo NO superar el bloqueo del escritor

Negándose a escribir hasta que se sienta «inspirado». 
Revolcándose en la autocompasión. 
Procastinando. 
Inventando excusas. 
Viendo la televisión. 
Leyendo artículos sobre como superar el bloqueo del escritor.

¿Aclarado? Sigamos, pues, y volvamos a la primera frase, la piedra angular de cualquier narración. Los inicios nunca son fáciles aunque los objetivos sean simples; siempre existe una primera vez, incluso en las tareas mas rutinarias y repetitivas. No solo la primera frase, sino la palabra, esa en cuestión que define una una acción, una situación, un sentimiento... sabe que está ahí pero no consigue atraparla y fijarla en su memoria. La primera frase llevará un tiempo antes de que quede satisfecho: no hay nada de malo en ello, al contrario, si no nos atascamos es señal de que quizás algo no va bien. No se desanime, dar cornadas al viento es parte del proceso creativo.

No es que no sepa de qué hablar, es que tiene mucho de que hablar: estructure su idea, asígnele un nombre que la englobe. El título de una película o de un libro suelen ser reveladores de su temática, asociar, de alguna forma, ese nombre con una corriente de pensamiento —existencialismo, romanticismo, modernismo, Kant, Unamuno, etc.— también puede dar buen resultado. Recuerde, sólo estamos buscando un título provisional, no es el escrito en sí. Una vez que lo halle, el resto empieza a escribirse sólo.

La escritura es una forma de arte difícil de teorizar, sus mecanismos están profundamente arraigados en nuestra historia como civilización, lo que los hace complejos y misteriosos. Sin embargo, el fundamento que subyace en todas sus manifestaciones es la necesidad de comunicar, innata a la condición humana, y hacerlo de la forma más bella posible. La mejor manera de evitar el bloqueo del escritor es fijar un objetivo y avanzar hacia él sin mirar hacia atrás o hacia adelante, enfocado exclusivamente en el papel, el bolígrafo, el aquí y el ahora.

Espero que este pequeño trabajo haya sido de su agrado.

Xarooch Franco

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