¿Qué le parece si construimos un Universo?

Por mucho empeño que ponga, usted -ni nadie— nunca será capaz de asimilar la extrema pequeñez de un protón: simplemente, es demasiado pequeño.

(Imagen: sitio web energía-nuclear)

Un protón es una parte infinitesimal de un átomo, otro objeto que es, en si mismo, otra entidad insustancial. Los protones son tan diminutos que una pizquita de tinta como el punto de esta «i» podría contener 500.000.000.000 (quinientos mil millones) de ellos o, por hacer más obvia la comparación, el número de segundos transcurridos en un lapso de 500.000 años. En definitiva, un protón es algo extraordinariamente insignificante.

Voy a pedirle otro esfuerzo: imagine, si puede -por supuesto que no puede, es una recurso retórico porque tanto usted como yo sabemos que es imposible— que aprieta y estruja uno cualquiera de los protones del puntito de la i señalado anteriormente hasta reducirlo a una mil millonésima parte (1 dividido entre 1.000.000.000) de su tamaño ordinario en un espacio tan pequeño que el protón normal parecería gigantesco a su lado. Tenemos, pues, un protón prensado hasta el delirio en un espacio equivalente al ocupado por un protón normal. Por favor, tenga la amabilidad de agregar 30 gramos de materia, no importa cuál. ¿Ya? Perfecto, si todo sale bien, está usted en condiciones de crear un universo. Oiga, no se despiste: el universo resultante será un universo inflacionario. Si decidiese construirlo a la vieja y obsoleta usanza del Big Bang, precisaría de ingredientes suplementarios (más abajo le diré cuáles).


Recreación artística del instante de la explosión de la singularidad.

¿Y ahora? pues..., prepárese para una explosión de verdad, una explosión terrorífica como jamás se ha visto con anterioridad. Usted, probablemente, querrá retirarse a algún sitio desde el cual pueda observar cómodamente el espectáculo. Lo siento mucho, no puede: no existen el espacio y el tiempo fuera de la singularidad -ese lugar tan minúsculo donde hay un protón comprimido y 30 gramos de materia—. Intentaré explicárselo de otra manera: tras el colosal estallido, cuando el universo que acabamos de cocinar empiece a expandirse, no lo hará para ocupar un espacio vacío mayor que él, como le dije antes. El único espacio que existe es el que va creándose a medida que el recién nacido universo se expande.

Y así, desde la nada, su universo echa a andar. 
En una sola palpitación cegadora, un momento de gloria demasiado rápido y expansivo para que pueda expresarse con palabras, la singularidad adquiere dimensiones celestiales, un espacio inconcebible.
Observemos el «timeline»  («línea temporal») de su experimento:

Primer segundo: el primer segundo crea la gravedad y las demás fuerzas que gobiernan la física.

Primeros sesenta segundos: su universo tiene una anchura de alrededor de 1.000.000.000.000 kilómetros de ancho (es difícil manejarse con esas cifras, ¿verdad? Lo sé. A mi también me produce vértigo). Su criatura está desbocada y sigue creciendo a un ritmo enloquecedor. La temperatura ambiental ha subido un poquito, sólo a 10.000 millones de grados centígrados -¡un poquito dice!— 😏, lo suficiente para que se inicien las reacciones nucleares que crearán los elementos más ligeros, básicamente hidrógeno, helio y una pequeña cantidad de litio a razón de 1 átomo por cada 100 millones.


Estado de los derechos de copyright desconocidos.

Primeros tres minutos: A los tres minutos, su universo contendrá prácticamente el 98% de toda la materia existente o de la que se generará con posterioridad.

Et voilà! Ya ha creado usted un universo monísimo. ¿Verdad que ha sido fácil?

Esto, sí, correcto: prometí enseñarle el secreto de la construcción de un universo a la Big Bang. 

Con toda honestidad, mejor dejarlo para otro momento. ¿Qué no, que lo quiere ahora? Bueno, vale, va. Pero le advierto que va a ser mucho, muchísimo más laborioso y agotador que el que hicimos antes.

Necesitará materiales adicionales. Le estoy engañando, usted deberá agrupar toda la materia existente (hasta la última partícula de materia que hay desde aquí hasta el límite de la creación) y comprimirlo hasta un punto tan infinitesimalmente compacto que no tendría, en absoluto, dimensiones. Al igual que en el caso anterior, esa entidad adimensional conteniendo toda la materia del universo es, también, una singularidad. El resto, ya lo sabe.


Recreación artística del Big Bang. Copyright desconocido.

¡Hala, ya tiene usted en que ocupar la tarde!

El artículo es una adaptación muy liberal de un texto de Bill Bryson incluido en su libro «Una breve historia de casi todo». Mis respetos y toda mi consideración ante tal portento de la divulgación científica.

Xarooch

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