Si los extraterrestres contactan con nosotros no los entenderíamos.
Los más cínicos dicen que nunca podríamos entender una comunicación extraterrestre .
2016 nos dio un buen número de falsas detecciones de presuntas comunicaciones extraterrestres por parte de SETI. Pero hagamos un alarde de generosidad e imaginemos por un momento que 2018 es el año del contacto.
Tal vez se detectó por primera vez en un radiotelescopio ruso o tal vez en un telescopio óptico en California. Pero en 2018, en algún lugar, alguien capta una señal. Los astrónomos escépticos -son mayoría— inmediatamente alertan a sus colegas, aunque es muy probable que estos ya lo estén verificando en los telescopios repartidos alrededor del mundo. Se trata de algo demasiado específico o extremadamente raro para ser calificado como un fenómeno natural conocido y, además, se repite con una sospechosa fidelidad durante algún tiempo. Al principio con cautela y luego con entusiasmo, las noticias salen a la luz. Hemos recibido un mensaje de las estrellas.
¿Vale la pena preguntarse qué pasaría después?
Si usted es seguidor del renombrado filósofo y escritor polaco de ciencia ficción Stanisław Lem y conoce su brillante lógica expuesta con detalle en la novela «La voz de su amo», lo que ocurrirá después de mucho alboroto y frustración es... ¡absolutamente nada! Según Stanislaw Lem, es posible que nuestra especie nunca sea capaz de leer o entender un mensaje de los extraterrestres. (Si lo desea, puede leer aquí mi revisión de «La voz de su amo»).
Stanislaw Lem esbozó esta premisa en la citada obra lanzada en 1968. En élla narra las pruebas y el fracaso de un esfuerzo masivo, similar al del Proyecto Manhattan, para descifrar una transmisión extraterrestre. A medida que el libro profundiza en la discusión de las perspectivas filosóficas, lingüísticas, matemáticas, teoría de la comunicación y otras, Stanislaw Lem cristaliza lentamente la posición de los cínicos, la de aquellos que están convencido de que la comunicación a larga distancia con extraterrestres está, casi con seguridad, condenada al fracaso.
En su formulación más simple, Stanislaw Lem concluye que existen dos barreras insuperables para la comunicación que se producirán, de forma natural, entre especies exóticas: la brecha lingüística y la brecha de inteligencia.
La brecha lingüística
Seamos benévolos y asignemos a la humanidad un poco de crédito -inmerecido por otra parte— y asumamos que el hipotético mensaje extraterrestre del 2018 no está completamente más allá de nuestro intelecto. Stanislaw Lem argumenta que, aunque así fuese, un mensaje teóricamente comprensible sería probablemente ilegible.
Existen dos razones de peso a considerar
Primera razón: Es casi seguro que no compartiremos ninguno de los puntos de referencia sobre los que construimos el lenguaje.
En «La voz de su amo», Stanislaw Lem saca a relucir algo sumamente evidente: en todos los idiomas humanos conocidos, del latín al vasco y al kinyarwanda, podemos traducir el mensaje, «abuela muerta, miércoles de funeral»; con mayor o menor dificultad, cualquier ser humano lo entenderá.
No obstante, es preciso aclarar que esta traducción -entre lenguajes humanos— sólo es posible porque biológica y culturalmente, todos compartimos los mismos puntos de referencia necesarios para entender las palabras. Todos morimos. Todos nos reproducimos entre dos sexos y todos tenemos abuelas. A pesar de las grandes disparidades culturales entre las distintas etnias, todos ceremonializamos el acto de la muerte. Y, por último pero no menos importante, los seres humanos estamos atados a la gravedad de la Tierra y marcamos el paso del tiempo en términos de los períodos de luz y oscuridad causados por la rotación de nuestro planeta.
Pero figúrese un extraterrestre que se reproduce asexualmente tal que una ameba. Un ser asexuado no tendría abuela ni el vocablo para describirla. Del mismo modo, los seres que se dividieron al final de su vida en lugar de corromperse también podrían estar «poco familiarizados con la noción de muerte y de funerales» [Las amebas maduras se multiplican asexualmente por fisión binaria, en la que el material genético se duplica por mitosis, mientras que la célula se alarga y el citoplasma se divide en dos células hijas. Desde esta perspectiva, las amebas son inmortales.], escribe Stanislaw Lem. Todos estos conceptos requerirían una explicación. Sin embargo, la única herramienta de la que disponemos para explicarlos es... ¡más lenguaje! que a su vez estará lleno de sus propios conceptos inexplicables.
El lenguaje, argumenta Stanislaw Lem, requiere puntos de referencia compartidos entre comunicadores. A menos que la vida inteligente se vea y actúe de manera espantosamente similar a nosotros, cualquier especie alienígena se diferenciará de nosotros en un sinfín de formas concebibles. Los cimientos del lenguaje humano son nuestras percepciones del mundo que nos rodea, no hay garantía de que la vida alienígena sea capaz de comunicar un mensaje que entendamos o de una manera que entendamos. En el supuesto de lograrlo -traducir el mensaje—, quién sabe si alguna vez podremos analizar la dicción de algo tan extraño como una criatura con mentalidad de colmena y una biología basada en arsénico.
Segunda razón: Una comunicación extraterrestre podría adoptar varias formas diferentes e ininteligibles.
Recientemente, una película de ciencia ficción titulada «La llegada» (en el original inglés «Arrival») obtuvo un éxito notable y fue propuesta para los premios Oscar. Si la vieron, recordarán que los visitantes del espacio utilizaban un lenguaje oral irreproducible por los humanos y un lenguaje escrito no fonético muy curioso y... difícil de desentrañar. Por tanto, ¿quién sabe la forma qué tomaría un mensaje de un ser con una biología totalmente alienígena?
En «La voz de su amo», Stanislaw Lem propone cuatro ejemplos para mostrar las diferentes posibilidades que una comunicación alienígena podría tomar. Cada uno tiene sus propias trampas para confundirnos y desconcertarnos.
La primera posibilidad es que el mensaje pueda estar escrito en la forma en que los humanos nos comunicamos unos con otros, dice Stanislaw Lem, en algún «lenguaje declarativo-transaccional como el nuestro», con unidades individuales de significado, como las palabras, para referirse a objetos y conceptos. Si bien el vocabulario y la gramática de ese idioma en sí podrían estar fuera de nuestro alcance, al menos podríamos saber cómo comenzar nuestros esfuerzos de traducción.
Pero la comunicación también podría «ser un sistema de modelado de señales», como la televisión o la radio, según Stanislaw Lem. Esto significaría que la comunicación que estamos recibiendo no es sólo el mensaje en sí, como un mensaje en código binario. Más bien, la señal que recibiríamos codificaría un mensaje. En este caso puede que estemos totalmente jodidos. Por improbable que sea, nuestros homólogos alienígenas podrían comunicarse principalmente a través de algo como el olfato, y sus señales estarían destinadas a funcionar en algo como un televisor olfativo. Para un comunicador olfativo, esta podría ser la forma más lógica de comunicarse a largas distancias.
La tercera y cuarta posibilidad son que la comunicación «podría representar una receta, es decir, un conjunto de instrucciones necesarias para la producción de un determinado objeto», escribe Stanislaw Lem, o «podría contener una descripción de un objeto -de una cosa en particular— en un código que fuera acultural, uno que se refiriera únicamente a ciertas constantes del mundo de la naturaleza descubiertas por la física y la matemática». En «La voz de su amo», el protagonista del relato juega brevemente con el concepto de que los comunicadores alienígenas están enviando la receta para cultivar o construir uno de los alienígenas en sí, que entonces podría comunicarse en persona.
Imagen: el mundialmente famoso mensaje wow!
2016 nos dio un buen número de falsas detecciones de presuntas comunicaciones extraterrestres por parte de SETI. Pero hagamos un alarde de generosidad e imaginemos por un momento que 2018 es el año del contacto.
Tal vez se detectó por primera vez en un radiotelescopio ruso o tal vez en un telescopio óptico en California. Pero en 2018, en algún lugar, alguien capta una señal. Los astrónomos escépticos -son mayoría— inmediatamente alertan a sus colegas, aunque es muy probable que estos ya lo estén verificando en los telescopios repartidos alrededor del mundo. Se trata de algo demasiado específico o extremadamente raro para ser calificado como un fenómeno natural conocido y, además, se repite con una sospechosa fidelidad durante algún tiempo. Al principio con cautela y luego con entusiasmo, las noticias salen a la luz. Hemos recibido un mensaje de las estrellas.
¿Vale la pena preguntarse qué pasaría después?
Si usted es seguidor del renombrado filósofo y escritor polaco de ciencia ficción Stanisław Lem y conoce su brillante lógica expuesta con detalle en la novela «La voz de su amo», lo que ocurrirá después de mucho alboroto y frustración es... ¡absolutamente nada! Según Stanislaw Lem, es posible que nuestra especie nunca sea capaz de leer o entender un mensaje de los extraterrestres. (Si lo desea, puede leer aquí mi revisión de «La voz de su amo»).
Stanislaw Lem esbozó esta premisa en la citada obra lanzada en 1968. En élla narra las pruebas y el fracaso de un esfuerzo masivo, similar al del Proyecto Manhattan, para descifrar una transmisión extraterrestre. A medida que el libro profundiza en la discusión de las perspectivas filosóficas, lingüísticas, matemáticas, teoría de la comunicación y otras, Stanislaw Lem cristaliza lentamente la posición de los cínicos, la de aquellos que están convencido de que la comunicación a larga distancia con extraterrestres está, casi con seguridad, condenada al fracaso.
Imagen: recreación artística de un alienígena. Estado de copyright desconocido.
La brecha lingüística
Seamos benévolos y asignemos a la humanidad un poco de crédito -inmerecido por otra parte— y asumamos que el hipotético mensaje extraterrestre del 2018 no está completamente más allá de nuestro intelecto. Stanislaw Lem argumenta que, aunque así fuese, un mensaje teóricamente comprensible sería probablemente ilegible.
Existen dos razones de peso a considerar
Primera razón: Es casi seguro que no compartiremos ninguno de los puntos de referencia sobre los que construimos el lenguaje.
En «La voz de su amo», Stanislaw Lem saca a relucir algo sumamente evidente: en todos los idiomas humanos conocidos, del latín al vasco y al kinyarwanda, podemos traducir el mensaje, «abuela muerta, miércoles de funeral»; con mayor o menor dificultad, cualquier ser humano lo entenderá.
No obstante, es preciso aclarar que esta traducción -entre lenguajes humanos— sólo es posible porque biológica y culturalmente, todos compartimos los mismos puntos de referencia necesarios para entender las palabras. Todos morimos. Todos nos reproducimos entre dos sexos y todos tenemos abuelas. A pesar de las grandes disparidades culturales entre las distintas etnias, todos ceremonializamos el acto de la muerte. Y, por último pero no menos importante, los seres humanos estamos atados a la gravedad de la Tierra y marcamos el paso del tiempo en términos de los períodos de luz y oscuridad causados por la rotación de nuestro planeta.
Pero figúrese un extraterrestre que se reproduce asexualmente tal que una ameba. Un ser asexuado no tendría abuela ni el vocablo para describirla. Del mismo modo, los seres que se dividieron al final de su vida en lugar de corromperse también podrían estar «poco familiarizados con la noción de muerte y de funerales» [Las amebas maduras se multiplican asexualmente por fisión binaria, en la que el material genético se duplica por mitosis, mientras que la célula se alarga y el citoplasma se divide en dos células hijas. Desde esta perspectiva, las amebas son inmortales.], escribe Stanislaw Lem. Todos estos conceptos requerirían una explicación. Sin embargo, la única herramienta de la que disponemos para explicarlos es... ¡más lenguaje! que a su vez estará lleno de sus propios conceptos inexplicables.
El lenguaje, argumenta Stanislaw Lem, requiere puntos de referencia compartidos entre comunicadores. A menos que la vida inteligente se vea y actúe de manera espantosamente similar a nosotros, cualquier especie alienígena se diferenciará de nosotros en un sinfín de formas concebibles. Los cimientos del lenguaje humano son nuestras percepciones del mundo que nos rodea, no hay garantía de que la vida alienígena sea capaz de comunicar un mensaje que entendamos o de una manera que entendamos. En el supuesto de lograrlo -traducir el mensaje—, quién sabe si alguna vez podremos analizar la dicción de algo tan extraño como una criatura con mentalidad de colmena y una biología basada en arsénico.
Imagen: otra recreación artística de un alien no antropomorfo. Copyright by Federico-Scarbini
Segunda razón: Una comunicación extraterrestre podría adoptar varias formas diferentes e ininteligibles.
Recientemente, una película de ciencia ficción titulada «La llegada» (en el original inglés «Arrival») obtuvo un éxito notable y fue propuesta para los premios Oscar. Si la vieron, recordarán que los visitantes del espacio utilizaban un lenguaje oral irreproducible por los humanos y un lenguaje escrito no fonético muy curioso y... difícil de desentrañar. Por tanto, ¿quién sabe la forma qué tomaría un mensaje de un ser con una biología totalmente alienígena?
En «La voz de su amo», Stanislaw Lem propone cuatro ejemplos para mostrar las diferentes posibilidades que una comunicación alienígena podría tomar. Cada uno tiene sus propias trampas para confundirnos y desconcertarnos.
La primera posibilidad es que el mensaje pueda estar escrito en la forma en que los humanos nos comunicamos unos con otros, dice Stanislaw Lem, en algún «lenguaje declarativo-transaccional como el nuestro», con unidades individuales de significado, como las palabras, para referirse a objetos y conceptos. Si bien el vocabulario y la gramática de ese idioma en sí podrían estar fuera de nuestro alcance, al menos podríamos saber cómo comenzar nuestros esfuerzos de traducción.
Pero la comunicación también podría «ser un sistema de modelado de señales», como la televisión o la radio, según Stanislaw Lem. Esto significaría que la comunicación que estamos recibiendo no es sólo el mensaje en sí, como un mensaje en código binario. Más bien, la señal que recibiríamos codificaría un mensaje. En este caso puede que estemos totalmente jodidos. Por improbable que sea, nuestros homólogos alienígenas podrían comunicarse principalmente a través de algo como el olfato, y sus señales estarían destinadas a funcionar en algo como un televisor olfativo. Para un comunicador olfativo, esta podría ser la forma más lógica de comunicarse a largas distancias.
La tercera y cuarta posibilidad son que la comunicación «podría representar una receta, es decir, un conjunto de instrucciones necesarias para la producción de un determinado objeto», escribe Stanislaw Lem, o «podría contener una descripción de un objeto -de una cosa en particular— en un código que fuera acultural, uno que se refiriera únicamente a ciertas constantes del mundo de la naturaleza descubiertas por la física y la matemática». En «La voz de su amo», el protagonista del relato juega brevemente con el concepto de que los comunicadores alienígenas están enviando la receta para cultivar o construir uno de los alienígenas en sí, que entonces podría comunicarse en persona.
Publicado bajo Licencia Creative Commons
Atribución - Compartir Igual - Internacional 4.0
Nota importante: Si usted desea insertar en su bitácora o página web esta entrada, por favor, revise las condiciones en las que el autor lo permite o deniega visitando este enlace.


