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PENDRAGON: THE MASQUERADE OVERTURE

Pop-Rock | Rock Sinfónico, Rock Neoprogresivo 

Ayer por la tarde subí a mi «pequeño mundo» —una oficina en la última planta de la vivienda, atestada de libros, vinilos, discos compactos, cintas de casete y cacharrería informática— en busca de inspiración para oír buena música. Había de todo, como en botica: Marillion, Genesis, Yes, Camel, Rush, Opeth, Pink Floyd y un largo etcétera. Por supuesto, estaba Pendragon y su «The Masquerade Overture» —La obertura de la máscara, en castellano— y, aunque no lo vi, juraría que algún otro título de la misma banda. Cualquier álbum de los grupos citados podría llevar adherida la etiqueta «Obra maestra esencial» —perdón por la petulancia; se trata tan solo de una opinión fruto de mi desmedido amor hacia la música—, discos que han definido un periodo bastante largo de mi vida, escuchados cientos —si no miles— de veces, que me han acompañado sin tregua, ya sea en el salón de casa, en el coche o a través de los auriculares.
 
Pendragon es puro rock sinfónico de marcado carácter neoprogresivo. Capas y más capas de teclados sinfónicos, melódicos solos de guitarra y voces y coros majestuosos —por momentos, si el oyente no está advertido, podría llegar a creer que escucha una pieza de música clásica— caracterizan «The Masquerade Overture». La influencia de grupos de la talla de Marillion, IQ, Genesis, Pink Floyd o Yes resulta obvia, pero Pendragon nunca cayó en la categoría de «grupo clon»: este trabajo es muestra elocuente de ello, pues cada canción podría ostentar cinco estrellas en la «Guía Michelín de la música», si tal cosa existiese. El álbum comienza con el tema homónimo antes de dar paso a «As Good As Gold» —Tan bueno como el oro—, una composición sinfónica y pegadiza, plena de teclados y un coro realmente inolvidable. «Paintbox» —Caja de pintura— es algo más melancólica. «The Pursuit of Excellence» —La búsqueda de la excelencia— resulta breve pero muy potente, con un exuberante trabajo de teclado. «Guardian of My Soul» es la más alegre, con coros poderosos y tremendos interludios. En fin, dado que son pocos quienes leen hasta aquí, lo dejo, con lo dicho van servidos.
 
𝐂𝐨𝐝𝐚: Siempre me hago la promesa de no enrollarme y hacerlo más sencillo, pero no puedo. Vengo así de fábrica y... ¡qué se le va a hacer!
 


 

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