¿Se autodestruyen las civilizaciones inteligentes a través de las galaxias?

Para bien y para mal, la humanidad es un caso de estudio

Costa oriental de EE.UU. vista desde la Estación Espacial Internacional en 2012 (NASA).

En 1950, mientras trabajaba en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, el renombrado físico Enrico Fermi [1] almorzó con  algunos colegas entre los que estaban Edward Teller [2], Herbert York [3] y Emil Konopinski [4]. El grupo habló y se burló durante la comida de una ola de informes recientes sobre OVNIS, así como de una caricatura aparecida en diario de tirada local sobre quién podría estar robando la parte superior de los contenedores de basura. ¿Eran extraterrestres?

Algo más tarde, durante la comida, Enrico Fermi inquirió, ya en serio: «¿Dónde están?»  Claro, en aquel entonces había muchos informes falsos sobre platillos volantes alienígenas, pero Fermi se preguntaba por qué ha resultado ser una pregunta significativa y duradera.

Si hay miles de millones de exoplanetas por ahí -como se especuló entonces pero se ha probado ahora—, ¿por qué no hay informes fidedignos de civilizaciones extraterrestres avanzadas visitando la Tierra o, tal vez, dejando huellas de su presencia?

Se han ofrecido muchas respuestas en las décadas siguientes: que si estamos solos en el universo, que si las distancias entre los sistemas solares son demasiado grandes para viajar, que si la Tierra se convirtió en el hogar de la vida al principio de la historia de la galaxia y que otros planetas, precisamente ahora, se están poniendo al día, que si la vida puede ser común en el universo pero la vida inteligente no, etcétera.

Sin embargo, vamos a centrarnos en otra respuesta, una que nos viene a la mente si leemos el nuevo libro del extitular de la cátedra de astrobiología en la Biblioteca del Congreso, el científico planetario David Grinspoon [5].

Esta explicación potencial es una de las más inquietantes: que es probable que los seres inteligentes y tecnológicamente avanzados se destruyan a sí mismos. Junto a la creatividad, la destreza y el ingenio, la inteligencia trae consigo un instinto inherente por la expansión insostenible y la autodestrucción involuntaria.

Es preciso aclarar de entrada que no es esta una opinión compartida por Grinspoon. Su «Earth in Human Hands» («La Tierra en manos de los humanos») argumenta con datos y convicción que los seres humanos son más propensos que nunca a buscar formas de trabajar juntos y evitar las amenazas globales inminentes del cambio climático, la llegada de asteroides de impacto, el agotamiento de la capa de ozono y una miríada de otras fuentes potenciales de extinción masiva.

Pero su punto más importante es aleccionador: el destino de la Tierra está, de hecho, en nuestras manos. Nosotros, los humanos, somos una fuerza que da forma al planeta, una fuerza tan poderosa como pueda serlo un anillo de volcanes, un meteorito o cometa gigante llegado del espacio o el surgimiento desde hace tiempo de formas de vida que podrían -de hecho lo hicieron— cambiar dramáticamente nuestra atmósfera, etc. Por supuesto, todos éllos capaces de causar casi la extinción global.

Puede sonar extraño, pero según lo ve Grinspoon, somos la fuerza más poderosa y consecuente de la naturaleza en el planeta.

Fotografía: Tony Steele

Desde la Revolución Industrial y la expansión de la tecnología durante los últimos 200 años, los seres humanos se han convertido en la fuerza dominante en el planeta, asegura David Grinspoon, el primer catedrático de Astrobiología en la Biblioteca del Congreso (ver nota a pié de página n.º 5).


«Lo que he tratado de hacer es describir qué es en realidad nuestro planeta, dice Grinspoon.  Algunas personas fueron hostiles y me dijeron que es un ejercicio de arrogancia decir que los humanos tienen tanto control sobre el destino del planeta. Estoy convencido de que es una opinión influenciada por terceros; no obstante, la Tierra fue y será cambiada dramáticamente por nosotros. La gran pregunta para el futuro es si el cambio puede ser para mejor, o si será insostenible y para peor.»

Mientras que los asuntos principales analizados por Grinspoon involucran caminos competitivos para el futuro de nuestro planeta, están consistentemente basados e informados por el conocimiento adquirido en décadas recientes sobre los planetas de nuestro sistema solar y aquellos que están muy lejos. La lógica y el historial de la búsqueda de vida inteligente más allá de la Tierra (SETI [6], por sus siglas en inglés) también juegan un papel, al igual que las relaciones del autor -inicialmente a través de la familia en la infancia— con Carl Sagan [7] y algunos de los científicos a los que asesoró.

Por ejemplo, Grinspoon ha estudiado Venus y la evolución de su atmósfera. Dice que la comprensión de su efecto invernadero fugitivo basado en el dióxido de carbono, que ha creado temperaturas superficiales de 800 grados, ha sido fundamental en el estudio del cambio climático en la Tierra.

David Grinspoon 

De manera similar, la desaparición de gran parte de la atmósfera marciana dejó al planeta cálido, frío y, probablemente, sin vida. El trabajo de Carl Sagan sobre las tormentas de polvo de Marte, que tienen el efecto de enfriar aún más el planeta, fue una temprana incursión científica para comprender la importancia de la atmósfera y el clima en una biosfera potencial. También lo fue el trabajo de Sagan sobre los posibles efectos de la guerra atómica, el famoso «invierno nuclear» que destruiría la vida en todo el mundo.

De todo ello se infiere con meridiana claridad que las atmósferas planetarias pueden cambiar sustancialmente, como lo está haciendo ahora la nuestra por la inyección de grandes masas de dióxido de carbono. Las atmósferas pueden proteger y nutrir o pueden destruir.

Y la Prueba A son los tres planetas rocosos del sistema solar ubicados en una zona habitable -denominada a veces «zona de confort» ligeramente expandida. Pero tan sólo uno soporta la vida.

La acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera y los océanos desde el inicio de la revolución industrial, escribe Grinspoon, es un buen ejemplo de cómo las personas inteligentes y su tecnología pueden tener un gran impacto involuntario en la naturaleza y el planeta. Desafortunadamente, seguimos sin saber cómo responderá la humanidad ante una emergencia global de esa naturaleza.

No obstante, Grinspoon también señala la forma en que las naciones de todo el mundo respondieron al descubrimiento de que la capa de ozono se estaba agotando como un ejemplo de cómo la humanidad puede reparar los desafíos no intencionados pero potencialmente amenazantes de extinción.

Tomó su tiempo, pero los refrigerantes artificiales -clorofluorocarbonos (CFC)— que causaron el daño fueron finalmente reducidos y luego prohibidos; existen señales de que los preocupantes agujeros en la capa de ozono están, si no disminuyendo, al menos ya no están creciendo.

La ecuación de Drake [8], creada por el astrónomo Frank Drake [9]en 1961, evalúa la probabilidad de conocer cuántos planetas en nuestra galaxia podrían tener civilizaciones que puedan comunicarse. El último factor -la «L» de longevidad— se considera clave. Drake fue uno de los fundadores del SETI, entregado a la causa de la detección de señales de vida inteligente más allá de la Tierra.

Esto nos devuelve a la paradoja de Fermi y a la aparente ausencia de signos de inteligencia extraterrestre.

Fermi, y muchos otros, postularon que las civilizaciones tecnológicas exitosas de otros lugares tendrían el deseo y, en última instancia, los conocimientos técnicos para expandirse más allá de su planeta original y colonizar otros. De hecho, las primeras reuniones del SETI aquí y en la antigua Unión Soviética dieron por sentado ese impulso de expansión, un reflejo fiel de las actitudes de la época.

Este presunto impulso de colonización fue a menudo discutido como una especie de imperativo biológico o como un reconocimiento de que es probable que estas civilizaciones «inteligentes» hayan dañado seriamente sus propios planetas a través de un crecimiento insostenible y peligroso. De cualquier manera, estarían en movimiento.

Sin embargo, después de más de medio siglo de escuchar las señales de estos supuestos seres inteligentes y viajeros, el esfuerzo del SETI para detectar tal vida a través de los radiotelescopios se ha quedado en nada.  Hay muchas razones potenciales para ello, pero enfoquémonos en la que se introdujo anteriormente.

La ecuación pionera de Drake, presentada por primera vez en 1961, intenta evaluar la probabilidad de encontrar civilizaciones inteligentes más allá de la Tierra basándose en factores tales como la tasa de formación estelar en la galaxia, el número de planetas formados y luego el porcentaje con vida, seguidamente el número de planetas con vida compleja y, finalmente, vida inteligente y tecnológicamente sofisticada.  Pero es la «L» al final de las ecuaciones, dice Grinspoon, que es considerada por una amplia mayoría como la más importante.



La «L» es por la longevidad de un mundo potencialmente civilizado e inteligente, o bien «el tiempo durante el cual tales civilizaciones emiten señales detectables».

De todos los componentes de la ecuación de Drake, que está llena de incógnitas y estimaciones parcialmente conocidas, «L» es sin duda la menos definida. Después de todo, nunca se ha detectado vida extraterrestre y, con certeza, ninguna vida inteligente.

Sin embargo, como describe Grinspoon, «L» -que para la Tierra es de unos 200 años ahora— es la clave.


«Digamos que es imposible que una civilización con una tecnología muy poderosa dure 10.000 años, o incluso 1.000 años. Eso hace que la probabilidad de entrar en contacto con ellos sea muy pequeña, incluso si la vida y la inteligencia están ahí fuera. Las posibilidades de que estén lo suficientemente cerca para detectarlas y comunicarse son casi nulas. Si lo contrario es cierto, si es posible que una civilización supere su adolescencia tecnológica, entonces deberían ser detectables. En realidad, podrían durar millones de años usando su tecnología para mejorar y proteger el planeta.»

En otro apartado afirma: «los planetas se enfrentan a todo tipo de amenazas; durante largos períodos de tiempo, las catástrofes y extinciones son la regla.  Pero si la tecnología puede ser usada intencionadamente para beneficio del planeta -como protegerlo de un asteroide o evitar una próxima Edad de Hielo— la longevidad claramente mejoraría enormemente».

Esta visión interestelar, dice, ayuda a ver más claramente lo que está sucediendo en la Tierra. Ahora que a través de nuestras tecnologías nos hemos convertido en los principales impulsores de la salud y la seguridad del planeta, realmente depende de nosotros, como especie, elegir entre permitir que estos «avances» dañen consciente o involuntariamente al planeta, o utilizar conscientemente la tecnología para mejorarlo.

Grinspoon no ve nuestro siglo actual como uno en el que los efectos de la tecnología probablemente estén dirigidos con una intención positiva. Pero sí ve que el movimiento hacia un planeta más sostenible es irreversible, cualesquiera que sean las señales que puedan surgir en nuestro camino.  Es más, dijo, los combustibles fósiles habrán desaparecido en gran medida para el año 2100 y hay razones para creer que la población humana del mundo se habrá estabilizado, dos cambios enormes que favorecen una civilización humana de vida más larga.

Xarooch

Fuentes: Marc Kaufmann, Wikipedia.

Referencias que se citan en el texto:

[1] Enrico Fermi (Roma, 29 de septiembre de 1901-Chicago, 28 de noviembre de 1954) fue un físico Italiano naturalizado estadounidense conocido por el desarrollo del primer reactor nuclear y sus contribuciones al desarrollo de la teoría cuántica, la física nuclear y de partículas, y la mecánica estadística. En 1938 Fermi recibió el Premio Nobel de Física por sus trabajos sobre radiactividad inducida y es considerado uno de los científicos más destacados del siglo XX... Más información aquí.

[2] Edward Teller​ fue un físico de origen húngaro, nacionalizado estadounidense en 1941, país al que había emigrado en 1935 huyendo de las persecuciones de la Alemania de Hitler.

Edward Teller es especialmente recordado por su vinculación en la fabricación de la bomba de hidrógeno, por lo que se le atribuye el sobrenombre de padre de la bomba H. Su figura pública fue siempre controvertida a causa de su dureza en sus decisiones. Recibió importantes honores y fue criticado por muchos de sus colegas por sus actuaciones de lobby... Más información aquí.

[3Herbert Frank York fue un físico nuclear estadounidense que participó en el proyecto de física nuclear Mohawk. Ocupó numerosos cargos administrativos y de investigación en varios institutos educativos y del gobierno de los Estados Unidos... Más información aquí (en inglés).

[4] Emil John (Jan) Konopinski (25 de diciembre de 1911 en Michigan City, Indiana - 26 de mayo de 1990 en Bloomington, Indiana) fue un científico nuclear estadounidense de origen polaco.

Con George Uhlenbeck como asesor de tesis, se doctoró en la Universidad de Michigan en 1934, y más tarde fue profesor de física en la Universidad de Indiana.  Durante la Segunda Guerra Mundial Konopinski colaboró con Enrico Fermi en el primer reactor nuclear de la Universidad de Chicago. También se unió al Proyecto Manhattan para desarrollar el primer arma nuclear (bomba atómica).

Él, junto con C. Marvin y Edward Teller, demostró que una explosión termonuclear no encendería la atmósfera y por lo tanto destruiría la tierra.

Consultor de la Comisión de Energía Atómica de 1946 a 1968, escribió un libro titulado The Theory of Beta Radioactivity (Teoría de la radioactivad beta)... Más información aquí (en inglés).

[5] David H. Grinspoon (nacido en 1959) es un astrobiólogo estadounidense. Es Científico Senior en el Instituto de Ciencias Planetarias y fue el ex presidente inaugural de la NASA y de la  Biblioteca del Congreso en Astrobiología durante el 2012-2013.

Su investigación se centra en la planetología comparativa, con un enfoque en la evolución climática en planetas similares a la Tierra y sus implicaciones para la habitabilidad. También ha estudiado, escrito y dado conferencias sobre la influencia humana en la Tierra, desde una perspectiva cósmica... Más información aquí (en inglés).

[6SETI es el acrónimo del inglés Search for ExtraTerrestrial Intelligence, o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre. Existen numerosos proyectos SETI que tratan de encontrar vida extraterrestre inteligente, ya sea por medio del análisis de señales electromagnéticas capturadas en distintos radiotelescopios, o bien enviando mensajes de distintas naturalezas al espacio con la esperanza de que alguno de ellos sea contestado. Hasta la fecha (2016) no se ha detectado ninguna señal de claro origen extraterrestre, sin incluir la todavía sin definir Señal Wow!. No obstante, sí se ha llegado a detectar varios candidatos a señales SETI, de cuyas coordenadas celestes nunca se llegó a observar,de nuevo, ninguna emisión (p. ej., Horowitz & Sagan (1993)).... Más información aquí.

[7] Carl Edward Sagan (Nueva York, Estados Unidos, 9 de noviembre de 1934-Seattle, Estados Unidos, 20 de diciembre de 1996) fue un astrónomo, astrofísico, cosmólogo, escritor y divulgador científico estadounidense. Fue un defensor del pensamiento escéptico científico y del método científico, pionero de la exobiología, promotor de la búsqueda de inteligencia extraterrestre a través del Proyecto SETI. Impulsó el envío de mensajes a bordo de sondas espaciales, destinados a informar a posibles civilizaciones extraterrestres acerca de la cultura humana. Mediante sus observaciones de la atmósfera de Venus, fue de los primeros científicos en estudiar el efecto invernadero a escala planetaria. En la Universidad Cornell, Carl Sagan fue el primer científico en ocupar la Cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencias del Espacio, creada en 1976, y fue director del Laboratorio de Estudios Planetarios... Más información aquí.

[8] La ecuación de Drake o fórmula de Drake es una ecuación para estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia, la Vía Láctea, susceptibles de poseer emisiones de radio detectables. Fue concebida por el radioastrónomo y presidente del instituto SETI Frank Drake en 1961 mientras trabajaba en el Observatorio Nacional de Radioastronomía en Green Bank, Virginia Occidental (EE.UU.).

La ecuación de Drake identifica los factores específicos que, se cree, tienen un papel importante en el desarrollo de las civilizaciones. Aunque en la actualidad no hay datos suficientes para resolver la ecuación, la comunidad científica ha aceptado su relevancia como primera aproximación teórica al problema, y varios científicos la han utilizado como herramienta para plantear distintas hipótesis.

Nuestro Sol es solo una estrella solitaria en la abundancia de 7×1022 estrellas en el universo observable.1​ La Vía Láctea es solo una de entre las 2 000 000 000 000 galaxias del universo. Parecería entonces que debería haber plenitud de vida allí afuera... Más información aquí.

[9Frank Drake, astrónomo estadounidense, es uno de los pioneros de SETI. Ha participado y dirigido numerosos proyectos desde que él mismo llevara a cabo el primero de todos, el proyecto Ozma en el año 1960. Actualmente es presidente emérito del instituto SETI. Más información aquí.

Publicado bajo Licencia Creative Commons
Atribución - Compartir Igual - Internacional 4.0

Nota importante: Si usted desea insertar en su blog o página web esta entrada, por favor, revise las condiciones en las que el autor lo permite o deniega visitando este enlace.

Publicar un comentario

comentarios xenófobos, racistas o difamatorios causarán su anulación

Artículo Anterior Artículo Siguiente