HOMBRE LENTO | HOMBRE LENTO
No es ningún secreto que buena parte de
la oposición democrática recibió con júbilo el asesinato de Carrero
Blanco, acaecido el 20 de diciembre de 1973. Se ha llegado a afirmar que
en algunas ciudades el champán se agotó en todas las tiendas. Quizá sea
algo exagerado, pero desde luego mucha gente se alegró de aquello. No
era para menos, toda vez que Carrero, por entonces presidente del
gobierno, había sido el brazo derecho de Franco desde los años cuarenta.
Iñaki Anasagasti recuerda el acontecimiento en sus memorias de esta
guisa:
No es ningún secreto que buena parte de
la oposición democrática recibió con júbilo el asesinato de Carrero
Blanco, acaecido el 20 de diciembre de 1973. Se ha llegado a afirmar que
en algunas ciudades el champán se agotó en todas las tiendas. Quizá sea
algo exagerado, pero desde luego mucha gente se alegró de aquello. No
era para menos, toda vez que Carrero, por entonces presidente del
gobierno, había sido el brazo derecho de Franco desde los años cuarenta.
Iñaki Anasagasti recuerda el acontecimiento en sus memorias de esta
guisa:
“ETA, con un eficaz y rocambolesco
atentado (…) se cargó de un bombazo al heredero de Franco y lo mandó al
techo de la residencia de los jesuitas en la calle Claudio Coello de
Madrid. Hizo bueno aquello de <<De Madrid al cielo>>, o en
el caso de aquel ogro, al infierno. (…) En las fiestas de los pueblos
cantaban aquello de <<Carrero, Carrero, ¿qué haces tú en el
alero?>>, mientras echaban al aire sus pañuelos blancos” (1)
En aquella época circularon bastantes
bromas sobre el tema: que si España había logrado el récord de salto de
altura de coches, que si “Arriba España, Arriba Franco, tan alto como Carrero Blanco”… Proliferaron también las cancioncillas populares. Una de ellas, tomando la melodía de “La bamba”, decía algo así: “Yo
no soy marinero… Yo no soy marinero, soy almirante y sé volar y sé
volar… Arriba y arriba, arriba y arriba y arriba iré (…) Yo no soy
marinero, soy almirante y me llamo Carrero y arriba iré (…)”.
Supongo que se capta la idea. Tras el último verso, se acostumbraba a
tirar al aire el objeto que se tuviera más a mano acompañando la performance con alguna onomatopeya (¡Eeeeeep!) (2). El humor siempre ha sido una forma de resistencia micro
a los regímenes autoritarios. O de supervivencia a los regímenes
autoritarios. Quizá ambas cosas. Algo así como el “y sin embargo, se
mueve” del ciudadano de a pie.
Luego llegó la transición a la
democracia, ya saben. Aquel proceso llamado a elevar a la categoría
política de normal lo que a nivel de calle era simplemente normal,
parafraseando a Suárez. Resultó ser una transición incompleta hacia una
democracia devaluada y amnésica, sin depuración de los aparatos
represivos del Estado franquista ni del poder judicial, etc. Rápidamente
le metimos una mayúscula y empezamos a hablar de la “Transición”, como
si fuera algo aislado, desvinculado de sus orígenes y, en cierta medida,
también de sus efectos. Objeto de mitificación y de simplificación a
partes iguales en el discurso público. Quizá hable de eso un día de
estos.
Aquella transición nos llevó a una
democracia de baja intensidad donde los valores democráticos sirven,
según el caso, de decorado o de maquillaje. Aunque es justo reconocer
que algo se avanzó. Los chistes sobre Carrero Blanco, por ejemplo,
pasaron de las calles a las librerías y a los kioscos. Tip y Coll
pudieron bromear sobre el tema en su librito Tipycollorgía, en 1983, y Paco Umbral no tuvo mayores problemas para comparar a Carrero con un cometa en A la sombra de las muchachas rojas (1981):
“La televisión ponía todo el rato
música arcangélica y daba partes periódicos sobre la trayectoria seguida
por el cuerpo del presidente del Gobierno, observado en su periplo de
todo un día por los telescopios gigantes de Robledo de Chavela, bases
yanquis de Canarias, Observatorio Astronómico de Madrid (…). La gente
andaba por la calle mirando para el cielo, como debió andar,
efectivamente, cuando el cometa Halley, y ahora el cometa Carrero nos
tenía a todos con la tortícolis puesta, en un descabezamiento colectivo
como pintado por Magritte. (…) Empezó a reunirse personal en las
azoteas, todo el mundo tenía un catalejo de su abuelo, de mirar a
distancia el desembarco de Alhucemas, y acababan sacándolo”.
Qué humor tenía Paco. Umbral, claro, no
Franco. En fin, ya ven… cuatro décadas después de aquello, mientras
algunos hablan de la necesidad de hacer una segunda transición, vemos
cómo se deterioran a pasos agigantados buena parte de los derechos
adquiridos en la primera. Y resulta que lo que a nivel de calle es
sencillamente normal, está perdiendo la categoría política y jurídica de
normal. Y a una estudiante de 21 años le piden cárcel por hacer chistes
sobre el asesinato de Carrero Blanco. Algo habrá que hacer. Humor, por
ejemplo. Aunque el momento exige tener altura de miras. No vaya a ser
que lo que subió hace cuarenta años baje ahora y nos aplaste.
(1) Anasagasti, Iñaki, Jarrones chinos, La Esfera de los Libros, 2014.
(2) Eser, Patrick, “¿Imágenes
dialécticas? Representaciones visuales del événement aleatoire
“Operación Ogro”, en Marco Kunz, Rachel Bornet, Salvador Girbés y
Michel Schultheiss (eds.), Acontecimientos históricos y su productividad cultural en el mundo hispánico, LIT Ibéricas 7, 2016, pp. 293-320.
Vía | Hombre lento.
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