China constituye un próspero nicho dentro del concurrido y saturado mercado de la ciencia ficción: «El problema de los tres cuerpos» de Cixin Liu es una prueba impresionante y elegante. Publicada en China en 2006 y traducida al inglés en 2014, la versión en español data, si no estoy errado, de finales de 2016 o principios de 2017 -fecha aproximada en la que comencé su lectura—. Cuando apareció por estos lares, ya había ganado siete veces el premio Galaxy (Galaxy Award) chino y el reconocido Hugo (Hugo Award).
La novela es la primera entrega de una trilogía que plantea una de las preguntas más antiguas y permanentes, imbatible, diría yo, de la ciencia ficción: ¿Qué significaría para la raza humana entrar en contacto con una inteligencia extraterrestre? A partir de ahí, sin embargo, trasciende las expectativas hasta convertirla, por derecho propio, en un trabajo que sólo acierto a clasificar como monumental, una «Magnun Opus» con todas las de la ley.
¡Atención, puede contener spoiler!
El Problema de los tres cuerpos abarca múltiples décadas -comienza en la convulsa China envuelta en la «Revolución Cultural» del Partido Comunista Chino liderado por Mao Zedong y continua en la actualidad, con una misteriosa organización ultra secreta, «Fronteras de la Ciencia», cuyo objetivo es enviar, de forma permanente en el tiempo, mensajes a las estrellas buscando una hipotética respuesta— y, también, múltiples personajes, aunque se centra, básicamente, en el comisario Da Shi y los dos científicos Ye Wenjie y Wang Miao. Wenjie es astrofísica, con un pasado de lo más anómalo, embrujado casi: es hija de un físico que fue ejecutado durante la Revolución Cultural por atreverse a enseñar la idea «reaccionaria» de la Relatividad General. Miao es un ingeniero experto en nanotecnología que se ha visto arrastrado por un videojuego «online» de realidad virtual llamado Three Body, tan profundamente metafísico que comienza a parecerse más a un culto que a otra cosa.
En el punto álgido se desvela una conspiración extendida a través de sistemas planetarios: los habitantes de un enigmático planeta no solo amenazan con alterar la raza humana, sino también las piedras angulares de la física tal y como las entendemos hoy en día.
En el mundo virtual Three Body, Miao se enfrenta a enigmas filosóficos muy próximos al delirio, pero permaneciendo en todo momento, desde el punto de vista científico, riguroso.
El problema de los tres cuerpos se emplaza dentro del subgénero de la «ciencia ficción dura» o «hard science fiction» en inglés, lleno de pasajes -en ocasiones quizás algo largos— de exposición científica desde la perspectiva de la mecánica cuántica o la inteligencia artificial. La historia, como dijimos en un párrafo anterior, comienza lentamente a pesar de sus muchos saltos cronológicos y lleva algo de tiempo desentrañar exactamente cuáles son los puntos centrales de la trama. Una vez que el lector ha pillado el hilo, sin embargo, deviene apasionante.
El libro plantea cuestiones morales que resuenan mucho más allá de la idiosincracia específica de una nacionalidad o cultura e, incluso, de su física embriagadora y abstracta. ¿En qué punto se convierte la ciencia en dogma y en qué punto se convierte ese mismo dogma en religión?
El problema de los tres cuerpos, en cuanto epopeya de ciencia ficción de la clase más profunda, gana por goleada, arrasa y aún me quedo corto.
Xarooch
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